El mensaje de la paz

Publicado: abril 10, 2016 en Sin categoría

Paz, una palabra que en los últimos años protagoniza titulares, líneas de tiempo en redes sociales, campañas políticas y discursos presidenciales y expresidenciales. El proceso de paz del gobierno de Juan Manuel Santos con la guerrilla de las FARC, adelantado en Cuba, ha despertado toda serie de emociones, muchas a favor, muchas en contra. Tan válidas unas como otras en una democracia, no deja de llamar la atención que haya voces en contra de que, tras más de sesenta años de horrores vividos por cuenta de este grupo armado al margen de la ley, se firme un acuerdo de paz y sus militantes se reintegren a la sociedad.

Entre todas las voces y los análisis que surgen alrededor del proceso y el posconflicto, sobre los puntos de acuerdo entre Estado y guerrilla, las medidas de justicia y reparación y el debate sobre la impunidad de los miembros de las FARC, me llama la atención un problema que siento que el presidente ignora o se ha hace el de la vista gorda: la decepción general de un país que no estará en paz tras el acuerdo. El mandatario se ha dedicado a un marketing de la paz que le va a costar mucho a Colombia y al futuro mandatario nacional. La publicidad sobre el proceso muestra como consecuencia de este un país que ha superado la violencia, como si aquí todo se fuera a arreglar con la firma de un acuerdo con las FARC —súmele a ese mercadeo de esperanzas que ya viene el proceso con el ELN—. No les falta sino hablar de paraíso Colombia tras terminar el proceso de diálogo.

El asunto es que, aunque es un gran paso en la búsqueda de la paz, no es el fin de los conflictos armados e ilegales que tiene el país. Si salen del panorama subversivo las FARC y el ELN, significará que hay dos actores ilegales menos en medio de todas las violencias a las que nos encontramos sometidos. ¿Qué pasará entonces con las bacrim, las odin, las convivir, las autodefensas y los paramilitares? —tantos nombres para un mismo problema, creo yo—.

Es irresponsable que Juan Manuel Santos mantenga la ilusión del fin de la guerra e insista en esa falsa promesa con discursos populistas, tan nocivos como los de quienes pretenden torpedear los diálogos en La Habana. Si continúa la comunicación en esa línea, pasada la firma del acuerdo y frente a un país que no se convirtió en paraíso, las voces contrarias al proceso de paz tomarán más fuerza con sus arengas violentas que solo promueven odios y discordias.

Es importante que el presidente se pellizque frente a esta realidad. Su gobierno no nos va a entregar un país en paz, quizás sí, uno menos violento. Es hora de que, sin dejar de lado los procesos con FARC y ELN, plantee soluciones para enfrentar la violencia que estamos sufriendo de cuenta de esas otras organizaciones delincuenciales que tienen el control de muchas zonas del país mediante extorsiones, vacunas y narcotráfico. También sería bueno que Santos nos hablara de cómo va a superar las violencias que el mismo Estado ejerce sobre los colombianos a través del agonizante sistema de salud, el desempleo, la desnutrición y la destrucción del medio ambiente.

Mientras a todo eso no se le haga frente, aquí no habrá paz. Hay avances, pero es mucho lo que nos falta.

comentarios
  1. putoloco dice:

    Quihubo, perdida ??..seguís viva ??

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