Nos matan lenta y dolorosamente

Publicado: junio 15, 2015 en Colombia, Sociedad
Etiquetas:, , , , ,

Lo que voy a contarles me pasó hace poco más de un mes. Lo escribí entonces pero no lo publiqué. Lo edito y lo traigo hoy porque es una realidad que no cambia —empeora— y cada día me entero de más y más casos de negligencia en toda la cadena del sistema de salud colombiano.

Termino una llamada a Coomeva. El asesor me dice: «Su solicitud aparece anulada». Le pregunto qué significa eso. Me dice: «Eso es lo que dice el sistema. No hay más. Debe ir a la sala donde la radicó para que le expliquen». Podría poner aquí unos puntos suspensivos —porque así quedé—, pero si hubiera un signo de puntuación como una larga línea continua, sí, como esa del monitor cuando alguien se muere, eso sería lo que daría fin a este párrafo y a esa llamada.

Llevo más de tres años repitiendo cada tanto esta historia. Desde el 21 de diciembre de 2011 padezco un extraño dolor de cabeza que aún hoy tiene inquietos a los médicos porque no saben qué hacer para detenerlo. Desde esa fecha me he convertido en una víctima más del sistema de salud colombiano. Me han negado tratamientos, exámenes y especialistas. Cuando por fin los he logrado ha sido por presión mediática o por «peliona», porque no acepto las respuestas negativas e insisto hasta el cansancio para que cumplan con su deber y me reconozcan mis derechos.

Después de llamadas como esa, de horas y horas esperando en la línea, de muchas más horas en una sala para que estudien mis solicitudes; he podido entender la dinámica de este sistema macabro. ¡Nos están matando! Cada vez que dilatan un proceso, que nos hacen esperar incómodamente, que nos aprueban solo una parte de los medicamentos, exámenes o tratamientos, que nos dicen que no hay agenda de citas y que llamemos la semana entrante; lo que quieren es que nos aburramos. Que desistamos. Que digamos no más y mejor nos sentemos a esperar la muerte en casa. Yo lo he considerado. Cansada de tanto dolor, me niego a seguir madrugando para estar a las 6 a. m. afuera de la Casa 1 de Coomeva, esperando que la fila no haya crecido mucho, para que a las 7 a. m., cuando dejen entrar, me toque uno de los primeros turnos, o al menos una silla para no tener que esperar, como muchas veces, sentada en el suelo. Harta de repetir ese infame ritual, solo quiero decir: ¡No más!

Junto a mí, cientos de personas cargan historias similares o más dolorosas que la mía. Muchos de ellos ancianos que, aunque tienen taquilla preferencial, también deben esperar horas en esas salas. El descontento se respira allí. Las miradas bajas, los enojos a flor de piel, la impotencia y la derrota cuando te dicen que no te aprobaron, que la orden se venció, que ese trámite es en otra parte… Y nada qué hacer, ellos son el «sistema», ellos tienen el poder.

Me aterra pensar que nos están ganando, pero creo que simplemente lo confirmo. Cuando colgué, ya no sabía si quiera ir al siguiente día a la sala SIP de Coomeva a que me explicaran el significado de «anulada». Sí fui, y lo que sucedió se los contaré en una próxima entrada.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s