Con mucha ilusión fui a ver la película Los colores de la montaña, del realizador antioqueño Carlos César Arbeláez. Hasta ayer sólo había visto el cartel de la película, con tres niños, un perro y un balón de fútbol y las montañas en el fondo. Sólo con esa imagen sentí una gran necesidad de verla. No sé, quizás porque me gustan las historias contadas a través de la mirada de los niños. Luego de conocer el poster, recibí algunos comentarios de amigos con buen criterio, pero no me dijeron nada de la historia, solo que tenía que verla. Y así lo hice.

Los paisajes, los niños, los campesinos, la escuela, los colores, me hicieron evocar la tierra de mi mamá. Muchas veces ella me habla de sus historias cuando era niña y luego, cuando vamos, las ubica en cada espacio. Con nostalgia recuerda ella y a mí se me llena el corazón de sentimientos al oírla contar con tanto detalle y emoción.

Pero la película también me hizo recrear una escena que hasta hoy es un misterio en mi familia. La muerte de Jorgelina, la prima de mi mamá que fue asesinada por un grupo paramilitar y cuya historia conté en Contra los violentos. Así como en la película llega Julián y encuentra su casa vacía y las paredes pintadas, imaginamos nosotros que la hija de Jorgelina encontró todo minutos después de que mataran a su madre.

Es difícil ver estas escenas cuando en mi familia varias personas han sido víctimas directas de paramilitares y guerrilleros. Y cuando en el caso de Ricardo, el esposo desaparecido de una prima de mi mamá, nunca supimos qué pasó. Historias que se repiten de una familia a otra a lo largo de todo el país, pero que de tanto repetirse se vuelven paisaje y hasta parece que dejaron de doler.

Para muchos, Los colores de la montaña es una película bonita. Sin embargo, para mí es difícil calificar de bonita una película que expone el conflicto colombiano. Aunque muestra la cotidianidad de los niños, la belleza del campo, la ternura y la amistad, finalmente todo se destruye por la maldita guerra colombiana. La guerra de unos cuantos que acaba con la vida de los que no queremos ser parte de ese conflicto que desde hace tanto ya no tienen cómo justificar. Pues en Colombia cada grupo armado que surge lo hace supuestamente para proteger al pueblo y al final sólo terminan cuidando sus propios campos de coca y sembrando el terror para hacerse dueños de todo el territorio.

Yo diría que es una película perfecta. Que muestra cómo operan la guerrilla y los paramilitares, cómo van introduciéndose en las comunidades, generando diferencias y odios, obligando a la gente a tomar posición por unos u otros, y destruyendo todo a su paso. Con mucho tacto la película nos muestra cada aspecto de esta guerra que sigue cumpliendo años y no se le ve un fin cercano.

Diría también que es una película necesaria. Una película que tiene que existir y que ojalá fueran más las que se hicieran en Colombia mostrando esto que somos. Esa guerra que a diario, en medio de los propios afanes, se nos va volviendo ajena y la olvidamos hasta el siguiente titular de noticiero que cuenta sobre otra masacre, otra víctima de una mina antipersona, otra mula que cae en un aeropuerto o un nuevo secuestro. Ojalá muchos más directores se animen a contar lo que realmente es Colombia, un país en guerra, aunque muchos todavía no lo crean.

Un aplauso para Los colores de la montaña. Para mí es la mejor película colombiana que he visto.

Los colores de la montaña, Colombia, 2010. Dirección: Carlos César Arbeláez. Producción: Juan Pablo Tamayo y Julian Giraldo. Guión: Carlos César Arbeláez. Cinematografía: Oscar Jiménez. Director de arte: Gonzalo Martínez. Sonido: Yesid Vásquez. Intérpretes: Hernán Mauricio Ocampo, Nolberto Sánchez, Genaro Alfonso Aristizábal, Hernán Méndez, Natalia Luna.

comentarios
  1. Me parece interesante lo que cuentas de la película, sin embargo opino que nos alejamos de la guerra en las ciudades porque está tan introducida en la cultura que no queremos saber más de ella. De ello se valen los medios comunicativos que son los que a través de sus ficciones, novelas y series, encuentran un refugio para el día a día del Colombiano (por decir el conjunto heterogeneo de personas que habitan el territorio llamado Colombia).

    Buscaré la película.

  2. que buena critica…
    gracias por ir y apoyar….es linda y triste….dulce tristeza…trilce.

  3. Leonardo dice:

    En todo caso tu comentario incita a ir a verla. Los colombianos hemos sido, por lo general, muy malos jueces de las películas que intentan meter el dedo en la llaga. Nos gusta cuando todo está envuelto en algo de fantasía, que cree distancia y destaque más bien lo entrañable que tiene el país, la tierra y sus gentes. No son muchos, pese a las apariencias, los que aceptan a Colombia como un país violento. Y eso aunque se esté volviendo una moda y un ingrediente de márketing el hablar de ello. Y es verdad, como se dice aquí arriba, que en las ciudades el conflicto se vive de otra manera, resulta incluso, ajeno. Además me da la impresión de que se está viviendo un periodo como de negación del conflicto, como si fuera ya cosa del pasado, como si la pesadilla hubiera terminado y se hubiera alcanzado un grado soportable de ‘milisievert’ de violencia indigna de aparecer en los titulares. La revista GEO en Francia ha consagrado el número de marzo a Colombia, decretando que es un país en el que se puede viajar de nuevo. Hemos, pues, vuelto a la normalidad. Es decir al olvido y a más ceguera.
    Para volver al cine, me parece muy bien que el cine colombiano mire de frente el conflicto, porque puede decirse que muchos nunca lo hemos visto, que entre, pues, aunque sea por la pantalla grande. Hay mucho por decir, no para negar lo bueno que tenemos sino para aceptar el lado oscuro. A fuerza de no querer mirarlo, el bicho se crece.
    Por lo demás me ha llamado mucho la atención el título, pues hace poco colgué un poema que habla de los colores de los cerros bogotanos.
    Un abrazo para vos.

  4. Danilo dice:

    Justamente no he querido ir a verla porque es de nuevo el mismo tema de siempre.
    Y llegó acá y leo lo que dices y algo se me encoje adentro. Y voy a verla. Me dejaste muy antojado.

    Saludos.

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