¿De qué color es el centro?

Publicado: febrero 27, 2009 en Catalina, Urbe
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Asomada desde el balcón de uno de los edificios más altos del centro me entretengo viendo este pedazo de ciudad que no se detiene. Unos carros paran ante el semáforo en rojo y otros arrancan al encenderse la verde. Muchos de ellos ni atienden la señal y por eso sus movimientos siempre son ajenos a lo que debería ser. A veces quedan todos atrapados en un cruce, víctimas del desespero y el desacato, entonces aparece el ruido. Es la constante, pero a las 5:30 p. m. sube y sube hasta que ya no se puede soportar.

Carros, pitos, edificios, humo, gente y más gente, mucha más gente y más de todo, desfilan para mí en este instante en que decidí no hacer nada más que contemplar el centro.

Viendo esa mezcla de elementos, para muchos caótica, para mí fascinante, pienso en cuál es el color del centro. Así por encimita, en hora pico y con todo el mundo alborotado, alcanza uno a ver un centro gris en extremo. De ese que irrita los ojos y molesta para respirar. Un gris áspero que pareciera invadir los pulmones y que nunca más volverá a salir. A veces, lo he visto, ese gris inunda corazones y luego se les empieza a salir por los poros, y se les pega a la ropa y quedan con la vida tiznada. Si miran con detenimiento también los percibirán.

Desde estas alturas, en medio de tanto gris, se alcanza a ver unas manchitas verdes. Árboles sembrados hace montones de años y que no sabe uno con qué suerte han contado para estar todavía ahí.

A mí me gustaría que el centro fuera más verde. No sólo desde arriba, sino al nivel de mis ojos cuando lo recorro. Recuerdo una fotografía de una ciudad de Brasil que no recuerdo, donde el techo de las calles eran las copas de los árboles. O sea, muchos árboles sembrados a cada lado de la calzada. Siendo así, los andenes seguramente serían muy amplios para que cupieran en el mismo espacio peatones y árboles. La calle no la recuerdo, pero me es indiferente si era amplia o no, a mí me gusta el centro para caminar y con menos carros me gusta más.

Qué bueno el centro de Medellín así, lleno de árboles que desaparezcan los gases de los combustibles venenosos que consume a mil esta ciudad.

Y además de árboles —pido como si se fuera a cumplir—, también quisiera jardines. Flores, pasto, matas, lo que sea que alegre la visión y me abstenga de mirar charcos de orina y otros regalos que dejan en la calle los que no tienen un baño para usar.

Pero estaba hablando de colores y como todo lo que sube tiene que caer, dejo la vista panorámica, gris y contaminada y me echo a andar por el centro.

Me decido por un recorrido corto porque las ganas de cerveza son muchas. Subo por Ayacucho, llena de carros hasta por donde no le caben, y llego hasta Junín. Sigo por esta carrera, menos llena, pero igual llena, hasta La Playa por donde subo a la avenida Oriental. Puedo girar a la izquierda y recorrerla un poco o seguir el camino para buscar El Palo. Me voy por la última opción porque recuerdo a tiempo el semáforo peatonal de la Oriental con Maracaibo, uno de los más inútiles que he visto en mi vida. Hace poco descubrí el peor, está en la Oriental con Bomboná. Los que quieran pueden intentar pasar la avenida en ese punto. Quien logre cruzarlo sin dificultad y en la luz del semáforo que le corresponde por favor me cuenta y me retracto al instante.

Me olvido de la Oriental y sigo por La Playa buscando El Palo. Allí doblo a la izquierda y llego a Maracaibo. Subo y llego a La Boa. Me tomo la cerveza junto a la ventana y, todo lo que veía hace media hora desde arriba, ahora lo tengo al nivel de mis ojos. Todo es igual pero más cercano. El ruido sólo cambia el tono, la intensidad es la misma pero como si fuera en otra voz, menos rugiente pero más estridente. El aire sigue pesado y el gris se pega en todo, en las fachadas, en los carros y en la gente.

Los únicos que no son iguales son los árboles. Ya no hay. Desde que tomé El Palo desaparecieron. Sólo veo uno pintado por Ramón Echavarría en la pared de la casa que está al frente de La Boa. Es hermoso pero no come contaminación y también se le pega el gris.

Termino la cerveza y me antojo de otra, pero en El Guanábano. Camino hasta el cruce de Maracaibo con Girardot, hasta el Parque del Periodista. Voy hasta el bar, me siento en la barra, pido mi cerveza y sigo mirando el centro, concentrada ahora en esa porción de ciudad de la que tantos reniegan pero que los que vienen tanto gusto le sacan.

Me concentro en cada persona que pasa, que se queda, que habla, que fuma, que vende. Me devuelvo en el recorrido que hice desde Ayacucho y esta vez me detengo en cada rostro. En el afán de este, la parsimonia de aquel, la pinta de todos, la edad, y encuentro otro color que no veía desde arriba. Recuerdo la fotografía del primer número de Universo Centro y la frase “Somos patrimonio” y confirmo dónde están los colores del centro.

Los que viven en el centro, los que trabajan en él, los que pasan por él son los que le ponen el color a estas calles. A diferencia de otros sectores de la ciudad, donde el uniformarse socialmente es la tendencia y ser diferente el pecado; en el centro estamos todos, pobres, ricos, medio ricos o medio pobres, punkeros, metaleros, emos, mochilones, estudiantes, trabajadores, indigentes, comerciantes, chirretes, viejos, jóvenes, niños, no tan viejos y no tan jóvenes, vagos, residentes, extranjeros, grillas… y todos con algo en común: nos gusta el centro. Bueno, a algunos les toca, pero el resto insistiremos en seguir en él hasta que sea posible.

Sin duda, la gente que habita el centro es la que le pone el color. Y cada acción de todos los que estamos metidos aquí lo pinta o lo destiñe. En medio de tanto edificio gris, las nubes de humo más gris y una que otra manchita de verde de árbol, la gente del centro le pone nuevos tonos a esta ciudad. Y eso es lo mejor del centro.

Post data: Aunque la gente le pone mucho color a mí sí me gustaría que alguien, al que le toca, le pusiera más arbolitos y zonas verdes al centro.

comentarios
  1. andresriveiro dice:

    las ciudades evidentemente son grises,me encanto tu post,dare mas vueltas por aqui.

  2. barrenado dice:

    Bonito paseo el que me acabo de dar de tu mano.
    Colores son amores y que mejores colores que los de los árboles, efectivamente, colores que ayudan a respirar.

  3. Emilia Lucia dice:

    Buen relato del recorrido por el centro de Medellín, curioso que cada calle o avenida tenga nombres, eso lo hace más pintoresco, como cuando uno recorre las calles de Cartagena. Ah! es que Colombia es un panorama lleno de color, sí, a veces contaminado con tonos oscuros, pero estoy segura que en cada ciudad se pueden encontrar sitios llenos de colores, como tu bien los encuentras en tu querido centro.

  4. Mike dice:

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  5. M dice:

    Me recordó bastante tu entrada al DF. Así es, gris, pero al mismo tiempo, con mucho color.

    Saludos comadre, me gusta su foto de perfil, muy sensual usted.

  6. danaepegasus dice:

    La ciudad, es dinamica, cambiante, vive del metamorfismo y de sus reformas internas pero silenciosas, muestra en los olores de la comida el olor de la tradición, de la picardía y los ensueños; por eso siempre que voy a la universidad por la calle del chooro, o por la de las violetas respiro(literalmente) un color diferente.Yo por mí no me iría del centro

  7. Hola nena, pues todo esto es obra del don Capitalismo esa es su herencia.

    por otro lado por ahi leí alguna vez que el ex alcalde más cercano(no digo el nombre) ha sido el precursor del mejoramiento del espacio (público no) peatonal y se piensa que para el 2015 se va a tener una medellín más verde.

    además, otro dato curioso, en los últimos años tenemos más enfermedades pulmonares por ese gris que describes, como nuestra hermosa ciudad es un valle, las emisiones de Co2 se quedan estancados porque no tienen por donde salir.

    Tristemente Medellín es la ciudad más contaminante de LATINOAMÉRICA, tal vez no lo crees pero las lecturas han sido modificadas, pero hay estudios que demuestran lo contrario.

    Entonces imaginate pues el problema que tenemos, es una bomba de tiempo que hace rato explotó pero nadie ha sentido, espero que esta administración sea un poco más ecologista en sus políticas, porque ya da hasta miedo vivir aquí.

    Te mando un fuerte abrazo y espero verte pronto.

    Estebancito.

  8. Cristina García dice:

    El centro de Medellín, podría decirse que ha sido cómplice de más de la mitad de nuestras vidas, porque si bien algunas personas dicen no conocerlo y niegan su existencia, todos, por lejos que vivamos de allí (gracias a Dios no es mi caso) alguna vez hemos de haber pasado para transitar de un lugar a otro o en otrora para ir a hacer alguna vuelta de banco, ir al edificio Coltejer o visitar a los abuelos. En fin, para mí el centro es demasiado estridente, pero interesante, tiene muy fuertes colores y ni se diga de sus olores, pero no deja de ser el centro, el epicentro de la ciudad, el recuerdo de nuestros ancestros, el medio de todo, la mitad de verdad, por mi parte amo al centro y me duele la indiferencia de tantos y sobre todo la mala conducta de los que ni siquiera lo habitan.

    De acuerdo contigo Cata, que bueno serían más árboles en el centro.

  9. nose porque salió esa foto ni idea, puse mi nombre y pum ahi se colocó.

  10. el_mirón dice:

    Y a la chinita con el cucillo, ¿la conocemos?

  11. tajalapiz dice:

    Esto de los colores de las ciudades es interesante, como dice Andrés, la ciudad moderna es gris, pero Bogotá, por ejemplo, es roja en gran parte gracias al ladrillo, y si el centro de las ciudades hubiera conservado la mayoría de sus edificios sería multicolor como lo fue la arquitectura republicana e incluso la colonial, antes de que el hormigón dominara. En Europa el centro de París es crema y gris por los techos, pero Aix-en-Provence es rosado como Montpellier, muchas ciudades de la Europa oriental son más bien rojas, Londres caramelo oscuro, Roma más bien amarilla, blanca Granada. Y vista desde lejos, Medellín tiene el color de sus gentes.

  12. Santiago del Río dice:

    Hola, chica cervecera… Yo no lo tolero al centro. Antes lo amaba, ahora le he perdido la paciencia.

    Ya colgué lo de la ortografía.
    Un abrazo.

  13. Jajaja, también soy chica cafetera, mi adorado chico matero… ¿lo recordás?

    Voy a ver lo de la ortografía (de nuevo) y te comento.

    Beso y abrazo.

  14. Isa dice:

    el centro es multicolor, se parece a un prisma.

    nos vemos mañana.
    Feliz domingo…

    Isa E 🙂

  15. Voy a estar sentada por el Café de los Andes, leyendo y tomando café. Por ahí me encontrás.

  16. jbgalvez dice:

    Colores ….. muchos.. incluso tan bellos como el gris ( cual de los millones de grises) que tan equidistante de blanco o negro lo quieres, tan del centro el gris .. por supuesto que rico verdes, amarillos rojos, morados rosados como alegorias de montañas pero no solo en la oriental…. si se trata del centro de medellín….
    Pero me hiciste caer en cuenta el centro debe ser gris…. tan lejos del negro que nos permita ver.. tan cerca del negro que nos permita ser… tan lejos del blanco que se revele como iluminación, como revelación ( bien lejos de todas “las revelaciones y las iluminaciones”) propietarias de la verdad.. tan cerca del blanco que nos limpie el alma… si el centro siempre sera y deberia y esperoro que siga siendo gris mezcla infinita de blancos y negros como debe ser el centro…. todos los centros…
    un abrazo

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