La maldad no tiene cura

Publicado: agosto 15, 2007 en Sociedad
Etiquetas:, , , , , ,

Hace unos días salía del Centro Administrativo La Alpujarra, sede de la Alcaldía de Medellín y la Gobernación de Antioquia, entre otros entes públicos. Mientras esperaba que me recogieran, cerca del Palacio de Justicia, llegó un autobús del Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario de Colombia, Inpec. El vehículo llamó mi atención, no solo por ser la primera vez que veía uno de esos, también por la persona que transportaban en éste.

Era uno de los paramilitares que acudía a audiencia para declarar algunas de las atrocidades cometidas por este grupo terrorista durante tantos años en Colombia. Y digo algunas porque a estos personajes, a última hora, les da por sufrir amnesia y por ende no recuerdan nada, ni los desaparecidos, ni los torturados, ni las extorsiones, ni las fosas, ni los negocios ilícitos. Extrañamente sólo recuerdan por partes.

Cuando comenzaron las audiencias, la llegada de estos delincuentes al edificio de justicia era presenciada, principalmente, por dos grupos de personas: las víctimas de sus actos delictivos e, increíblemente, otros que simpatizaban con estos maleantes y acudían al sitio para apoyarlos con música y consignas y a favor. Increíble, pero cierto. Es difícil entender  pero en este país la gente apoya ciegamente a sus verdugos, no solo pasa con este grupo, los hay también quienes simpatizan con las guerrillas. Aún a sabiendas de que entre todos esos delincuentes han desangrado a Colombia, hay personas que los apoyan, sin recordar siquiera que arrasaban con el país sin importar quién era la víctima, su estrato, su ideología, su religión, su edad, nada, su objetivo era (y es) destruir.

A todo eso se suma, además, su vinculación con el lucrativo negocio de la droga. No contentos con los resultados de su carrera guerrerista se llenaron de ambición, y bajo la excusa de ser una estrategia de financiación de sus movimientos, engordaron aún más sus arcas perdiendo los ideales que quizás nunca tuvieron. De manera pues, que si en algún momento hubo tan siquiera un ideal de paz o igualdad en sus políticas, hoy ya no queda nada, no son sino una masa maligna que amenaza con seguir destruyendo a Colombia y apagar por completo la esperanza en los que aún la tenían.

Volviendo a la escena del bus. Yo estaba ahí parada, inmóvil, viendo a este individuo bajar del vehículo. Cuando lo vi sentí miedo, rabia, dolor, sentimientos encontrados al imaginar toda la maldad que habitaba en ese ser humano como para hacerse miembro de un grupo terrorista. Cuando descendió por completo y pude observarlo mejor vi que iba muy bien vestido, parecía que llevara ropa nueva. Me pregunté cuántos de los miles de desplazados que están hoy sin techo porque tuvieron que huir de sus casas por miedo a la violencia, tendrán la oportunidad algún día de volver a tener una prenda de vestir nueva. Cada día para ellos es incluso una incertidumbre constante por el qué comer y dónde dormir. Mientras estos señores son atendidos como reyes en sus cárceles, que más que eso parece casas de las que solo pueden salir con permiso. Vaya uno a saber si también salen sin permiso.

Lo otro que me llamó la atención del individuo era que estaba radiante, tenía una sonrisa en su rostro como si sintiera orgullo de todo lo que ha hecho. Pero más que eso era una sonrisa burlona, con la que ofendía una vez más a todas sus víctimas. En ese momento supe que la maldad no tiene cura, es una enfermedad, un virus que se te mete en el cuerpo, se desarrolla y te acompaña hasta el día de tu muerte. Por eso ellos no van a cambiar, ninguno de los terroristas de este país mostrarán una buena cara a la solución del conflicto. Cada uno con sus intereses personales de riqueza y destrucción seguirá el mismo camino hasta la muerte.

En esta oportunidad no hubo víctimas ni simpatizantes manifestando ante la llegada de este individuo. Este tipo de actos se han suspendido por el respeto a las víctimas y por evitar inconvenientes de orden público. Sin embargo, es casi seguro que sí estaban cerca sus víctimas, callando en sus corazones la impotencia de estar frente a quien tanto daño les hizo y que además tiene el cinismo de reír burlonamente. 

Ese día llegué a mi casa sintiendo una nueva derrota. Ese día perdí nuevamente la fe en que Colombia pueda salir de esta crisis. Ese día supe que la situación, incluso, podrá tornarse cada día peor.

Anuncios
comentarios
  1. Cristina García dice:

    Que pesar que todos los días tengamos que enfrentar, desde algún frente, la inequidad, la guerra, la injusticia y todas estas pestes que tiene nuestro país, pobre Colombia, tan bonito, tan capaz y tan colmado de plaga maligna.

  2. Dario Ortiz dice:

    Cata muy bueno seguirte leyendo y como siempre aterrizando las ideas a la vida diaria. Un saludo blogger!

  3. dB dice:

    > Es difícil entender pero en este país la gente apoya ciegamente a sus verdugos

    En la Argentina pasa algo parecido, todavía hay gente que trata de justificar a los secuestradores y torturadores del proceso.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s