Archivado en: Catalina | Etiquetas: Catalina, felicidad, morirme, mucha risa, pola, risa, ronete, tequilazo, vida, vinacho
Esta semana he pensado mucho en mí, más de lo normal que igual nunca ha sido normal. Estuve evaluando varios aspectos de mi vida y la forma como los estaba asumiendo, y tomé una decisión: Voy a morirme de la risa.
Aunque tenga que enfrentar las cosas, mientras lo hago me estaré muriendo de la risa. No más rabia, no más tristeza, no más desilusión, no más vergüenza, no más nada negativo. A lo hecho, pecho… y a morirme de la risa.
Archivado en: Catalina | Etiquetas: abril, amigos, bailar, cambios, Catalina, cosa loca, La Boa, licor, muerte, pelo, raro, vida, Yo
No es que haya estado celebrando desde el primero de abril y apenas esté de regreso. La verdad es que yo celebro todos los días así que el cumpleaños sólo tiene un poco más de excesos.
Todavía sin ganas de escribir. Como siempre, mil cosas en la cabeza. Las palabras se me salen todo el tiempo pero me niego a sentarme a escribirlas. Podría hacerlo en este momento pero no me dan ganas.
Este abril ha sido especial y extraño. Muchos cambios, muchas noticias, muchas decisiones radicales. Me quité más de la mitad del cabello —ya lo verán—, volví a patinar, volví a montar bici, el flamenco y el jazz se complican cada vez más —pero lo hago bien—, cada día tengo más trabajo y más responsabilidades, el amor es una cosa loca y hasta la vida corre peligro.
Bueh, ahí voy…
Pd.. Ah, y hasta el 30, seguiré siendo la chica abril de La Boa.
Archivado en: Literatura | Etiquetas: Angosta, angustia, héctor abad faciolince, Literatura, miedo, muerte, placer, vida
En lo que va del año ningún libro me había enganchado tanto como Angosta. Esta novela, del escritor colombiano Héctor Abad Faciolince, hizo que hoy me acostara a las dos de la mañana y apagara las luces en medio de un temor a cerrar los ojos o abrirlos en medio de la oscuridad.
Archivado en: Colombia | Etiquetas: Colombia, guerrilla, libertad, marcha, NO MÁS, paramilitares, vida, violencia
Jorgelina vivía en Pinguro, una vereda del municipio de Giraldo al occidente de Antioquia. Su casa era una de las más alejadas del caserío. Vivía de lo que la tierra le daba. Algunos de sus hijos se habían radicado en Medellín y sólo quedaba con ella su hija menor. Un día llegó la guerrilla y se instaló en su casa. Nada qué hacer, ¿cómo hacer para negarse? ¿Cómo enfrentarse a un fusil que apunta a tu cabeza si intentas resistir?
Esta tarde al salir del trabajo un viento fuerte animaba el final del día. Amo el viento porque es juguetón. Se enreda en faldas, cabellos, hojas sueltas, me hace reír. Y uno pelea con el viento, se arregla una y mil veces el pelo para que igual sea él quien hace lo que le da la gana. Más chistoso aún cuando el asunto es de faldas… jajaja, muchos más lo disfrutan.
Soy tan flacucha que cuando el viento es muy fuerte me va corriendo de a poquitos, me sonrojo porque pienso que los demás lo notan. ¡Qué divertido! Me parece que saldré volando. Si llegara a suceder quisiera ir por ahí sin rumbo, así como hoja al viento y, finalmente, llegar a ese lugar que tanto anhelo.
El viento de Manu Chao









