Todos dicen que soy flaca, pero no, soy gorda

Publicado: julio 5, 2012 en Catalina
Etiquetas:, , , , , ,

Confieso que aunque en más de una oportunidad he estado a punto de ser una víctima más de esta “sociedad que nos bombardea con esquemas específicos de belleza a través de los cuales la delgadez es un ideal”; valores y cualidades más importantes que la figura me han hecho disfrutar de mi delgadez sin miedo a subir de peso y sin restregársela en la cara a quienes no la poseen.

He leído la desafortunada entrada de Alejandra Azcárate sobre las ventajas de la gordura y me he dado cuenta de que, según ella, soy una gorda, aunque me vea flaca…

1. No pienso a la hora de comer: Soy flaca y desayuno con bandeja paisa cuando me da la gana por simple antojo. Me como todo lo que quiero cuando quiero. Como a deshoras porque nunca tengo horarios fijos. Soy flaca y no le tengo miedo a la comida. No sé de calorías, de grasas trans, de azúcares, de gramos… soy básica: sabe bueno, me lo como.

2. Cuando voy a los almacenes: No me paso horas midiéndome ropa, porque las flacas, al igual que las gordas, también tenemos talla. Así que uno pide lo que le gusta en la talla que es y si no le sirve, no lo compra. Tener problemas para decidirse por razones de diseño, forma o combinación, pasa desde la talla 4 hasta la 16, no es exclusivo de las flacas demorarnos en una tienda.

3. Esa caballerosidad que menciona Alejandra Azcárate está en vía de extinción y ojalá se acabe pronto. Eso que llaman caballerosidad no son más que conductas masculinas que se llevaban a cabo por consideración a la debilidad de la mujer. Pura necesidad del macho de proteger a la frágil mujer que no puede ir de pie, que no sabe abrir la puerta, que no es capaz de correr una silla… A mí, flaca o gorda, no me hace falta sentirme princesa, que es ya de entrada una ridiculez, no me hacen falta una lista de comportamientos servilistas maquillados de cortesía y galantería. A ver si muestran la misma galantería el día que les empieza a gustar otra. Prefiero el trato respetuoso entre seres humanos, independiente de su género y su talla. Trato respetuoso del que sin duda carece la señora Azcárate.

4. Yo, flaca, disfruto a plenitud la amistad. Tengo amigas de verdad, de esas que no sienten envidia porque a uno le quede mejor una prenda, tenga mejor sueldo, mejor trabajo, baile mejor, tenga novio más papacito o lo que sea… Tampoco siento envidia de mis amigas flacas y no me acompleja que me superen en la lista anterior. Porque la amistad es amistad, no competencia. Si las flacas que menciona Azcárate andan pendientes de esas cosas con sus amigas, pues no tienen amigas y quizás por eso gasten tanto tiempo comprando ropa, llenando el vacío que una buena charla de amigas no les ha podido llenar.

5. En el sexo me deshinibo con facilidad. Por lo general las mujeres, gordas o flacas, estamos más buenas que el man con el que estamos. Procuro ser una gran amante y también me entrego como si fuera la última vez porque nadie asegura que haya próxima y es mejor que se lleven el mejor recuerdo. No solo por flaca van a querer repetir.

6. Ni la playa ni la piscina me cohíben. El que tenga el mar al frente y esté preocupado por la forma de su cuerpo está perdiendo el tiempo. Ni la playa ni la piscina son pasarelas. A lo que fuimos, a nadar y a chupar sol. Las estrías, la celulitis, las cicatrices y la barriguita incipiente que tenemos muchas flacas no son suficientes para negarse el placer de una bronceada. Qué pesar de las que se lo pierden.

7. No vivo pendiente de los tratamientos, trucos o sistemas para alcanzar la figura ideal o mantenerme flaca. Llevo una vida normal. No me desbarato con dietas, ni me torturo en un gimnasio o sueño con tener dinero para acabarme de hacer lo que hace falta. Así estoy bien, lo que traigan los años estará bien y habrá que aprender a saberlo llevar, con dignidad y buen gusto.

Para resumir, ser flaca también me hace libre si serlo no significa una tortura constante por mantenerlo. Y sí, me gusta ser flaca, para mis actividades y mi estatura me viene mejor ser flaca, pero no por eso menosprecio a las mujeres gordas, ni las humillo con mi figura, ni les hago una falsa lista de ventajas que, además de mentir es una completa burla a quienes por genética, metabolismo o elección tienen un cuerpo con “protuberancias, relieves y desproporciones”.

En defensa de las gordas podría haber hecho la lista a la inversa y mostrar las siete desventajas de ser flaca, pero hubiera terminado en lo mismo, en un maltrato innecesario que ni fundamentos tiene. Porque esas ventajas que lista Alejandra Azcárate no son exclusivas del peso, sino del género. Porque gordas o flacas podemos padecer cualquier complejo o disfrutar una cualidad.

Pero si la señora Azcárate tuviera razón y toda esa lista que hace, a modo de sarcasmo o burla, me hace gorda, entonces sí, soy gorda.

About these ads
comentarios
  1. Danilo dice:

    Qué pesar esa revista tan mala. Y qué feo escribe esa señora y tan acomplejada con su cuerpo. Citica.
    Qué delicia las mujeres satisfechas con su cuerpo.

    Saludos.

  2. Bien escrito, definitivamente para decir lo que se piensa no se necesita ser irrespetuoso

  3. Bien mi flaca, a la cual extraño!!

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s