Hace unas semanas encontré en twitter la cuenta @retoliterario que, como ellos mismos lo expresan en su biografía, es una iniciativa que busca incentivar la lectura entre los colombianos. Su objetivo es que en el 2012 cada colombiano lea cuarenta libros.

Bonita y, sobre todo, difícil tarea en la que se han puesto.

No estoy segura de la cifra, pero creo que en Colombia el promedio de lectura es un libro y medio al año. Supongo que esa cifra está dada por todas las personas que leen mucho más que eso y que, en realidad, la gran mayoría de colombianos no se acercan un libro en todo el año ni siquiera para cambiarlo de un sitio a otro.

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Sueño que soy un libro

Posted: enero 24, 2012 in Catalina
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En las dos noches pasadas he soñado que soy un libro. No tengo muy claros los recuerdos ni de forma, autor, obra, ni de mi desempeño como libro en el sueño. Creo que me acompañan otros libros pero no sé si son personas o son solo eso, libros.

Tengo presente que sueño que soy un libro porque se ha repetido dos noches seguidas. Quisiera que volviera a suceder para encontrarle un poco de sentido.

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No acostumbro reproducir textos de otros en el blog, pero creo que a veces es refrescante, para mí y para quienes pasen por acá. Además, ante la inconstancia de mis escritos y la falta de inspiración, qué mejor que traer otras letras, sin duda mejores, que moverán un poco este espacio mientras yo vuelvo a la disciplina de escribir sobre todo lo que me inquieta. Y cada día hay más cosas que me inquietan, qué vaina.

Hoy, un poema de Raúl Gómez Jattin que me regalaron hace un tiempo y que recordé al ver una fotografía del poeta esta mañana:

Tres en una

Va Catalina

Viene Catalina

Llegó Catalina

Junto a mi pecho como un gorrión

Como una hermana una abuela o una amiga

Su melena calienta mi corazón

No quiero que se vaya

Si es tan tierna

Si parece que tuviera en vez de huesos

plumas

En vez de voz puro aliento

En vez de amistad un pleno amor

Catalina vale un millón de besos en poemas

Catalina es un corazón de viento

y el viento quisiera serlo yo.

Me quedó gustando eso de contar mis amores con canciones. Aquí va la historia de otro amor, esta vez en nueve canciones.

Este amor ha sido bonito y liberador aunque también tiene momentos en que se torna despreciable y es casi una condena. Es un amor del que puede hablarse en pasado y en presente, en futuro… no, solo tendrá futuro en la memoria. Es un amor de hola, hasta luego, hola de nuevo y adiós. Un amor de tira y afloja, de te odio y te quiero. Un amor para aprender, para ser mejor persona. Para querer aunque no sea posible y así querer con más ganas.

Aquí están las nueves canciones. Y sí, están en orden:

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Cuando uno crece en un barrio como Aranjuez, como muchos otros de la ciudad, de igual o menor estrato, eso de caminar, eso del andén, es un privilegio y es algo que no muchos alcanzarán a conocer o a disfrutar. Nuestras casas, hechas con el afán de ese sueño de poseer algo, porque tenerla no es riqueza pero no tenerla es pobreza, poco o nada eran muestra de la planeación urbana. La casa se construía donde era posible, con permiso o no de la administración, pero se construía pensando sólo en ese sueño particular, un patrimonio familiar. Igual que las casas, se improvisaba el andén, que incluso muchos años pensamos que era nuestro, porque eso de espacio público era otro asunto desconocido. Así, nuestros andenes obedecían a nuestra necesidad particular: de baldosines rojos, con rampas para el carro o la moto, en tierra, con jardín, a un nivel distinto de la calzada, sin andén… por eso, cuando salíamos del barrio, o caminábamos por donde no se podía o aprendíamos por dónde era, ya fuera con paciencia o con uno que otro empujón o mirada sancionadora.

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El que dispara

Posted: julio 6, 2011 in Colombia, Sociedad
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No tiene sangre el que dispara.
No tiene corazón el que dispara.
No tiene alma el que dispara.
No tiene sueños el que dispara.
No tiene vida el que dispara.

¿Recuerdas el árbol de mandarina que sembré porque te gustaba el olor que esta fruta te dejaba en las manos? Pues el arbolito sigue ahí, creciendo a su ritmo. Ya tiene tres años y medio. Lo sembré para pensar en vos, para ponerle un testigo a un amor que apenas comenzaba, para tener alguna idea de tu olor, para creerlo mío.

Cuando todo terminó el árbol se quedó ahí. Confieso que lo descuidé. Lo regaba la señora del servicio, mis compañeros de apartamento, mi mamá… nunca más lo volví a mirar. Hasta hace poco que concentré mi mirada en él. Verde, lleno de vida, aferrado a su tierra, quizás como vos, quizás como yo.

Y ahí se quedará. A veces hasta logro pasar por su lado sin recordarte. Quizás algún día desaparezcas del todo y el árbol de mandarina sea simplemente un árbol de mandarina. No el recuerdo de nadie, no el recuerdo de ningún amor.

Yo tuve un amor que no sé si fue amor. Un amor tan intenso que en muy poco tiempo me hizo ir súbitamente de un sentimiento a otro. De la más hermosa alegría a la más tormentosa de las tristezas. De una gran esperanza, al desasosiego de no saber para dónde coger ni qué hacer. Un amor que me hizo perder la cabeza que ya traía perdida hace rato. Un amor que aunque es del pasado, el presente se encarga de mantenerlo vivo. Un amor que se puede contar en siete canciones.

Si el dueño de ese amor pasara por aquí, sin duda, se sentiría aludido. Sin embargo espero se abstenga de opinar. Él ya dio su versión de la historia, esta es simplemente la mía. Una versión que no es rabia, no es dolor, no es rencor, no es tristeza, no es amor… aunque no podría ni siquiera asegurar que no fuera alguno de esos sentimientos. Es tan solo un recuerdo y es una bonita manera de traerlo a la memoria.

Estas son las siete canciones:

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Esta semana he visto, más que nunca, comportamientos incívicos por parte de la Policía. Pareciera que en vez de mejorar, cada vez estuvieran más propensos al incumplimiento de la ley y de las mínimas normas de convivencia necesarias para vivir bien.

Exceso de velocidad, motos transitando por andenes, contravías, culebreo entre vehículos, parqueo en zonas prohibidas, compra de piratería, se pasan los semáforos en rojo y amarillo y hasta tiran basura a la calle.

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